Por Debra Black
Meses
antes del genocidio de Ruanda de 1994, un flujo constante de mensajes
detallados sobre las matanzas de tutsis fueron enviados a Ottawa por
diplomáticos canadienses apostados no sólo en Ruanda sino también de Kenia y
Tanzania.
Documentos
no conocidos antes y obtenidos por The
Star pintan un cuadro claro de tensión étnica generalizada en Ruanda en
una espiral cada vez más profunda hacia la guerra, en los meses previos al genocidio de abril. Todo
esto fue informado al el gobierno canadiense de ese entonces.
Télex
de la misión canadiense en Kigali en febrero y marzo de 1994, informaron que la
misión de la ONU en Ruanda tenía pruebas de la existencia de campos de
entrenamiento de reclutas de la milicia y de una distribución masiva de las
armas. El télex también advierte que
ha habido muchas "muertes a bala" en las que los tiradores se alejan
con impunidad.
Pero
las advertencias nunca fueron más allá de la oficina para asuntos de África en
Ottawa, en lo que entonces se conocía como el Departamento de Asuntos Externos.
