Enero 6, 2013
Traducido por Luis J. Leaño
Cuando la Corte Penal Internacional fue establecida en 2002, hubo un optimismo real acerca de la posibilidad de llevar a los responsables de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra a rendir cuentas. Hoy la Corte está siendo criticada por tener una agenda racista, un proceso de investigación y una estrategia de acusación deficiente y por sufrir demoras inaceptables. La fiscal actual, Fatou Bensouda, de Gambia, ha respondido a los críticos diciendo que están tratando de proteger a los perpetradores.
Mucho del criticismo es válido. A la fecha, la Corte ha condenado solamente a un acusado: el antiguo señor de la guerra congolés, Thomas Lubanga. En diciembre último, un segundo señor de la guerra congolés fue absuelto cuando la Corte rechazó las pruebas de la fiscalía y el testimonio de algunos testigos clave. Recientemente, un juez amonestó a la fiscalía por la investigación de Uhuru Kenyatta, quien ahora es el presidente de Kenia. Se hizo referencia a los graves problemas en la revisión de las pruebas por el fiscal y a la falta de una apropiada supervisión de las mismas. Esta semana, la Corte pidió al fiscal proveer pruebas adicionales o realizar una investigación adicional con respecto a los cargos formulados en contra de Laurent Gbagbo.