The Guardian. Harry Davies
La investigación de las acusaciones contra Karim Khan, el fiscal jefe de la CPI, se ha convertido en un largo proceso plagado de cuestiones geopolíticas y disputas sobre los estándares de prueba.
Harry Davies, corresponsal de investigaciones
Sábado 11 de abril de 2026, 07:21 BST
Tras las puertas cerradas de una gran sala en la sede de la Corte Penal Internacional, un edificio con aspecto de fortaleza en La Haya, altos diplomáticos que supervisan el tribunal se reúnen cada semana para intentar resolver una crisis.
En su agenda figura el destino del fiscal jefe de la CPI, Karim Khan, un abogado británico cuyo mandato en el tribunal se vio trastocado hace casi dos años por acusaciones de abuso sexual que él niega.
El comité de diplomáticos, integrado por una selección rotativa de 21 de los 125 Estados miembros de la CPI, está sopesando dos extensos informes sobre las reclamaciones como parte de un proceso complejo que aún podría tardar meses en concluir.
La semana pasada, el comité votó a favor de seguir adelante con el caso contra Khan. Sus representantes han intentado presentar el asunto como parte de un esfuerzo por desacreditarlo frente a su decisión de 2024 de solicitar órdenes de arresto contra altos funcionarios israelíes por presuntos crímenes en Gaza.