"Cualquier recurso a la guerra, a cualquier tipo de guerra, es un recurso a medios que son inherentemente criminales. Guerra, inevitablemente, es un curso de asesinatos, asaltos, privaciones de la libertad, destrucción de la propiedad.

"


Robert Jackson

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domingo, 20 de noviembre de 2016

La política de salida: África y la Corte Penal Internacional

Christian De Vos

Traducido por Luis Leaño.

Noviembre 20, 2016.

Mientras los estados miembros de la Corte Penal Internacional se preparan para reunirse a finales de este mes en La Haya, se produce la noticia de que tres de ellos -todos de África- han declarado su intención de abandonar la Corte. Tras el anuncio  de que el parlamento de Burundi había votado su retiro del Estatuto de Roma, Sudáfrica sorprendió a muchos cuando presentó su propia notificación a las Naciones Unidas . La semana pasada, Gambia siguió su ejemplo.

De las tres salidas, la de Sudáfrica es indudablemente la más perjudicial. El asunto de Burundi no es sorprendente.   El fiscal de la CPI había anunciado a comienzos de abril que estaba comenzando un examen preliminar, tras las denuncias de graves crímenes cometidos desde que el presidente Pierre Nkurunziza declaró el año pasado que buscaría, y luego obtuvo, un tercer mandato. Tal vez no por casualidad, Gambia -un país plagado de violaciones a los derechos humanos- celebrará sus propias elecciones a finales de diciembre, cuando el presidente Yahya Jammeh, que ha gobernado el país desde que asumió el poder en 1994, buscará su quinto mandato.

Sin embargo, la declaración de África es de otro orden. Así como el derecho internacional jugó un papel vital en la larga lucha del país contra el apartheid, muchos vieron a la "nueva" Sudáfrica como un líder en otra lucha global: castigar a los perpetradores de la atrocidad en masa. El país desempeñó un papel clave en la redacción del Estatuto de Roma -por ello, el estatuto reconoce al apartheid como un crimen contra la humanidad- y fue un fuerte partidario de la corte. La CPI también ha sido un sitio importante para el cumplimiento interno del derecho penal internacional. Después de ratificar el Estatuto de Roma en 2000 y luego adoptarlo en la legislación de 2002, los tribunales de Sudáfrica se han basado en su legislación para insistir en que el gobierno tiene el deber no sólo de cooperar con la CPI en la ejecución de sus mandatos, sino también para investigar los crímenes internacionales perpetrados más allá de sus fronteras. Una decisión novedosa, por ejemplo, sostuvo que la Fiscalía Nacional de Sudáfrica tiene el deber de investigar alegatos creíbles de tortura por parte de miembros del partido ZANU-PF de Robert Mugabe en la vecina Zimbabwe.

Sin embargo, el récord de liderazgo judicial nacional en Sudáfrica también ha complicado la conducción de sus asuntos exteriores, ilustrado claramente por el fracaso del gobierno -en desafío a una orden de la CPI y sus propios tribunales internos- de detener al presidente sudanés Omar al-Bashir cuando entró al país. De hecho, aunque la posición formal del gobierno es que la actitud de la CPI sobre inmunidades entra en conflicto con el derecho consuetudinario internacional (en lenguaje diplomático: "las obligaciones respecto a la resolución pacífica de conflictos en ocasiones son incompatibles con la interpretación de la CPI sobre las obligaciones contenidas en el Estatuto de Roma"), la notificación de retirada debería considerarse ciertamente como una respuesta a una acción legal presentada por organizaciones de la sociedad civil sudafricana, que habrían tratado de obligar al gobierno a ejecutar la orden de arresto de Bashir durante su visita. La cuestión fue objeto de litigio ante el Tribunal Supremo, que en marzo rechazó la apelación del Estado y dictaminó que Bashir debería haber sido detenido.

Para ser claros, estos países tienen el derecho legal a renunciar a la corte. A diferencia de sus predecesores ad hoc en Rwanda y la ex Yugoslavia (que fueron establecidos bajo la autoridad del Consejo de Seguridad de la ONU), la CPI es un tribunal basado en tratados: El artículo 127 del Estatuto de Roma afirma que los Estados pueden mediante notificación escrita dirigida al Secretario General de las Naciones Unidas, retirarse del Estatuto. Sin embargo, vale la pena señalar dos aspectos.  En primer lugar, el estatuto establece claramente que el retiro "sólo surtirán efecto un año después de la notificación formal", lo que significa que la CPI probablemente mantendrá su jurisdicción sobre la situación en Burundi a pesar de los esfuerzos del país por eximirse del escrutinio. En segundo lugar, la legislación nacional o las declaraciones de intenciones no provocan por sí mismas la salida y, en la actualidad, Gambia aún no ha iniciado formalmente el proceso de retiro. Por el contrario, la situación sudafricana se complica al cuestionar si la notificación de retiro del gobierno era, en ausencia de aprobación parlamentaria, constitucional. Ya la Alianza Democrática (la oposición oficial al Congreso Nacional Africano gobernante) ha presentado una demanda urgente contra los aspectos procesales del retiro.

Nada de esto sin embargo, resuelve las cuestiones políticas más profundas que enfrentan la CPI y el proyecto de derecho penal internacional de manera más amplia. Durante años, una de las críticas más penetrantes a la Corte ha sido que está sesgada en contra de África o, más allá, que es un puente institucional para controlar y mantener los intereses económicos y militares de el "norte global" u "occidente", según el punto de vista. De hecho,  al anunciar el retiro, el  ministro de Información de Gambia denunció a la CPI como "Corte Internacional caucásica para la persecución y humillación de personas de color, especialmente africanos". De manera similar, cuando el Parlamento de Burundi votó el retiro, un legislador lo llamó "una herramienta política utilizada por los poderes para eliminar a quien quieran del poder en el continente africano.

Mientras que hay poco en los registros de la corte hasta la fecha que desvirtuara esta acusación -nueve de  10 investigaciones abiertas se refieren a estados africanos, y la mayoría de los procesamientos hasta la fecha han sido notablemente unilaterales-al menos algunas de estas intervenciones (Uganda, República Democrática del Congo) han estado a cargo de las élites políticas nacionales, que también han utilizado la cobertura de la intervención de la CPI para proteger o promover sus propios intereses políticos. Incluso en Kenia, los procedimientos fallidos contra los antiguos rivales políticos Uhuru Kenyatta y William Ruto (ahora presidente y vicepresidente, respectivamente) les permitieron forjar una nueva alianza política vilipendiando a la CPI. Por otra parte, es muy probable que más casos no africanos lleguen a la CPI, lo que podría perturbar esta crítica neocolonial. La investigación actual del fiscal en Georgia, por ejemplo, lo enfrenta directamente contra intereses rusos, mientras que los informes recientes sugieren que la oficina también está preparada para abrir pronto una investigación sobre los crímenes en Afganistán, que podría abarcar la conducta de  soldados estadounidenses. Estados Unidos no es parte en el Estatuto de Roma, pero Afganistán -en cuyo territorio se han producido los presuntos abusos- se adhirió a él en 2003.

En última instancia, sin embargo, la membresía de la CPI se basa en el consentimiento de los estados: Pueden firmar el Estatuto de Roma, o pueden "no firmarlo", como lo hizo Estados Unidos. Aunque parece poco probable que los acontecimientos de las últimas semanas desencadenen una retirada masiva de los estados africanos (aunque probablemente dependerá de la próxima cumbre de la Unión Africana en enero), algunos estados pueden optar por salir de la CPI, sobre todo porque su participación en el sistema legal amenaza el control de un líder individual sobre el poder. Al mismo tiempo, otros estados pueden unirse (o volver a unirse) al tribunal. En resumen, la CPI  sigue siendo un experimento -y es sólo uno entre muchos- en un proyecto desigual y todavía bastante frágil de gobernanza global. Reducir ese proyecto a la CPI es otorgarle al tribunal demasiado crédito.

lunes, 23 de septiembre de 2013

La Corte del hombre blanco.

Por  David Edmonds

Junio 11, 2013

Traducido por Luis J. Leaño.

Publicado en el sitio Practical Ethics de la Universidad de Oxford.


Es una Corte de hombres blancos? Recientemente asistí a una charla en la cual la Corte Penal Internacional fue acusada de parcialidad racial. La evidencia parece irrefutable. Virtualmente ningún no africano ha sido perseguido por la Corte.  Sin embargo, nadie cree que África es el único continente en el mundo que experimenta crímenes de guerra graves. El presidente de la Unión Africana, el Primer Ministro Etiope, Hailemariam Desalegn, hizo recientemente un reclamo similar: habló de la CPI "cazando" africanos. 


El argumento es que consiente o inconscientemente, la decisión de enjuiciar africanos está dirigida por un perjuicio racial.  Esto podría ser cierto o no. Podría haber toda clase de razones para explicar porqué casi todos los acusados han sido africanos. Sin embargo, asumiendo que esto es cierto, el racismo explica porqué los africanos han sido el foco casi exclusivo de la CPI. Ciertamente que muchos en África creen que este es el caso. Y muchos van un paso más allá para creer que de esta manera, la CPI debería ser desmantelada. 

martes, 11 de junio de 2013

Cumbre de la Unión Africana plantea el retiro de la Corte Penal Internacional

Por Abayomi Azikiwe.
Junio 5 de 2013

Traducido por Luis J. Leaño.

Más de 50 Estados miembros de la Unión Africana concluyeron la XXI Cumbre en Addis Ababa, Etiopía, el 27 de Mayo. El grupo regional conmemoró el quincuagécimo aniversario de la formación de la Organización de Unidad Africa (OAU -por sus siglas en inglés-), originada en el apogeo de la lucha anti colonial en 1963.

Quizá uno de los desarrollos más significativos en la cumbre de este año fue el borrador de resolución de retiro de los países miembros de la Unión Africana, de la Corte Penal Internacional. Muchos de los Estados africanos son signatarios del Estatuto de Roma que estableció la CPI. 

La implementación del mandato de la CPI para investigar y procesar organizaciones gubernamentales y no gubernamentales ha sido exclusivamente dirigida contra cabezas de Estado y grupos rebeldes en el continente africano. La CPI ha sido descrita en años recientes como la "Corte Penal Africana", como que líderes de Sudan, Libia y Kenia han sido acusados, en tanto que presidentes y otros funcionarios de Estados imperialistas del Oeste nunca han sido citados para un posible juicio penal.

domingo, 24 de julio de 2011

Amargos contrastes


Por: Luis J. Leaño.

En el mundo profundamente contradictorio en el que vivimos, las incongruencias resultan a menudo ridículamente patentes. Según la portavoz de Unicef en Ginebra, Marixie Mercado, el número total de niños en situación de "malnutrición severa" en Somalia, Kenia y Etiopía alcanza ya la cifra de 2,3 millones de infantes. Esta organización internacional ha solicitado a sus miembros 1.900 millones de dólares para ayudar a estas naciones africanas a combatir la hecatombe humanitaria, pero de esa cantidad solo se ha financiado hasta la fecha menos de la mitad. La subsecretaria general para Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), Valerie Amos, dijo que "Tenemos un agujero de 1.000 millones de dólares"  en una crisis que va para largo.

Por contraste, la guerra de Afganistán, que acaba de cumplir nueve años, le cuesta solamente a Estados Unidos, según diversos análisis del Congreso, 100.000 millones de dólares por año, siete veces el producto interno bruto de Afganistán. El costo, hasta 2010, de esa guerra y la de Irak, combinadas, ha sido de 1,1 billones de dólares, sin contar con los recursos invertidos por otras naciones de la coalición que mantienen tropas acantonadas en el país asiático con el solo propósito de combatir los talibanes.  Con lo que invierten los países poderosos del mundo en menos de un mes de operaciones militares, se aliviaría la crisis humanitaria de África, incluyendo la tarea de arrebatar 780.000 niños de las garras del hambre.

Si la política mundial se rigiera por parámetros de la sana lógica y  por la ausencia de hipocresía en la aplicación de los ideales consagrados en los manifiestos de derechos humanos, quizá viviríamos en un mundo más equitativo y por ende, menos violento. Pero es innegable que la inversión para aliviar la hambruna de decenas de miles de personas en el cuerno africano, no arroja los rendimientos financieros, ni políticos, ni territoriales que sirve la industria de las armas ni el plan de dominio sobre los recursos preciados del planeta. Este es apenas un ejemplo del esquema alrededor del cual gira nuestro mundo, en donde la muerte constituye un negocio más rentable que la preservación de la dignidad de la especie humana.