Por Eric Leonard
Febrero 23, 2014
Traducido por Luis J. Leaño
Justo cuando las cosas parecían estar dando un giro positivo y constructivo en la relación a veces tumultuosa de Estados Unidos con la Corte Penal Internacional (CPI), se produce un retroceso. En los últimos cinco años más o menos la relación Estados Unidos-CPI comenzó a asentarse en un patrón de aceptación y en ocasiones, de defensa de la Corte por parte de Estados Unidos. Este patrón benevolente comenzó cerca del final de la administración Bush y progresó bajo la administración Obama. Algunas indicaciones claras de una buena relación eran la abstención en la votación del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la intervención de la CPI, la remisión del caso de Libia a la CPI, la promesa de asistencia para la captura de Kony y más recientemente la extradición de Bosco Ntaganda a la CPI.